el último latido de una excusa

de Armando Rojas Guardia

Debería ser
no digo ya mi esposa fiel,
pero sí mi amante,
por lo menos;

sin embargo,
lo confieso - es hora
de que se sepan
estas irregulares relaciones
para evitar un escándalo más tarde-
es imposible conquistarla,

me traiciona:

se va por temporadas,
luego vuelve
cuando quiere,
no cuando la llamo,
cuando le grito, la busco
o le hago señas;

la sorprendo con otros
cuando la creía más mía
y lo peor es
que a veces
luce mejor con ellos
que conmigo;

en ocasiones la maltrato,
la castigo , la golpeo,
para que me deje poseerla
o si no,
me maltrato yo mismo
en su presencia,

me someto a autocastigo,
a disciplina,
para ver si se conmueve
pero nada;

a ciertas horas, como ésta
es casi fácil seducirla
y es muy intenso el goce,
la redondez brillante del abrazo;

también es fácil perdonarla
entonces
por la vida que me hace llevar
al lado suyo:

pero no tardará en irse
de nuevo,
la conozco.

2 comentarios:

Lobo dijo...

qué traviesa la protagonista...

Abril dijo...

ajá...