el último latido de una excusa







Si extrañarlo es buscar su nombre en mi entrepierna, el mío en mis oídos y no encontrarlos.
Si es querer esconderme en su cuello y no tenerlo.
Si es necesitar su abrazo (para estar juntitos, pegaditos) y sentir frío.
Si el respirar, duele.
Entonces, sí... lo extraño



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