el último latido de una excusa

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Pensé que las palabras eran la única hora que necesitaba en este momento, así que me tomé un respiro para fumarme un cigarrillo mientras reunía todos los relojes y los desenchufaba de la pared o les quitaba las pilas para que dejaran de funcionar. Todos ellos se habían detenido más o menos en el mismo momento: las diez y diez, las diez y once, las diez y trece. Tomé cada reloj y moví las manecillas para eliminar cualquier apariencia de congruencia. Cada uno de ellos estaba parado en un momento distinto. Una vez logrado eso, reí en voz alta. Era como si me hubiera apoderado del tiempo y liberado de sus limitaciones.



< Una pesadilla es algo de lo que puedes despertar.Pero los pensamientos y las ideas que permanecen después de que tus terrores hayan desaparecido son algo bastante peor>

Francis Petrel

2 comentarios:

Neorrabioso dijo...

Este texto es una barbaridad. Manejar las manecillas de forma que no haya apariencia de congruencia. Liberarse de la limitación del tiempo, que, básicamente, es la única que tenemos...

Abrazos.

Hasta pronto.

Abril dijo...

Apoderarse del tiempo y liberarse de sus limitaciones.

Sí, es una barbaridad


Abrazos